Rodrigo López, un coleccionista de Juegos Paralímpicos: “No sé explicar mi vigencia”

El ciclista colonense Rodrigo Fernando López ya llegó a destino para hacer más historia. “Gracias a Dios ya estoy en Japón, para mis quintos Juegos Paralímpicos”, contó desde el país asiático. No será el único representante de la provincia en suelo nipón, ya que también competirán los gualeyos Maximiliano Gómez –junto a Sebastián Tolosa en el tándem, también en Paraciclismo– y Stefanía Ferrando (Bochas) y la gualeguaychuense Antonella Ruiz Díaz (Lanzamiento de bala, atletismo). Pero su caso es algo inédito para Entre Ríos.

Su singularidad es que debutó hace 17 años en la capital griega, cuna del olimpismo, y no se ha perdido ninguna de las siguientes ediciones, eso lo ubica como uno de los dos representantes provinciales con mayor cantidad de presencias. El otro es el fallecido militar y jinete Carlos D’Elía, protagonista de cinco Juegos Olímpicos seguidos: Melbourne 1956 –en realidad compitió en Estocolmo, Suecia, debido a una cuarentena dispuesta sobre los caballos en Australia–, Roma 1960, Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972.

López siempre dijo presente en las delegaciones argentinas: Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016, lo tuvieron como protagonista, y ahora le sumará Tokio 2020, a celebrarse desde el 24 de agosto hasta el 5 de septiembre. “No sé explicar mi vigencia, solo sé que Dios siempre me dio fuerzas y yo trabajé y trabajo duro con mucha disciplina, tenacidad, constancia, renuncias y honestidad con y para el deporte”, confesó al ser consultado por su amplio recorrido en la alta competencia.

Rodrigo, que compite en la categoría C1 (para deportistas con severas alteraciones de movilidad por amputación de miembros o lesiones neurológicas equiparables), además de haber logrado cuatro campeonatos mundiales, ha sido dos veces medallista en la máxima cita del deporte adaptado. En Atenas se colgó el bronce en la prueba de ciclismo de ruta contrarreloj con un tiempo de 1h19m54s: se subió al podio que encabezó el español Xavier Otxoa (1h17m59s) y tuvo como escolta al francés Darren Kenny (1h18m04s). En Londres obtuvo otro al finalizar tercero en persecución individual, detrás del británico Mark Colbourne (3m53s881) y el chino Zhangyu Li (4m01s826), primero y segundo respectivamente.

A pesar del paso del tiempo, López consideró que “no han cambiado muchas cosas” respecto de su debut paralímpico, y reconoció que “tal vez tenga más experiencia, pero el entusiasmo y las ganas están intactas como la primera vez”. Pero cada una de las competencias, le ha dejado un aprendizaje: “Aprendí que siempre hay algo nuevo que descubrir y que nunca se debe creer y apropiarse los logros como único mérito propio”.

Justamente, los logros del entrerriano no se terminan en las medallas debido a que también consiguió ocho diplomas paralímpicos: fue 6º en persecución individual (Atenas 2004); 5º en kilómetro contrarreloj, 6º en persecución individual y 8º en ruta contrarreloj (Beijing 2008); 6º en ruta contrarreloj y 7º en el kilómetro contrarreloj (Londres 2012); 8º tanto en persecución individual como en ruta contrarreloj (Río 2016).

Al momento de dar una opinión sobre los favoritos, el oriundo de Colón no dudó: “En mi categoría PC 1 sería China el candidato”. De todos modos, no pierde las esperanzas. “En las pruebas que tengo más posibilidades son persecución en pista y crono en ruta”, admitió pensando en la prueba en territorio nipón y advirtió: “Las expectativas son las que tengo siempre en cada competencia, dejar el ciclismo adaptado argentino en un buen lugar”.

Y si algo ha logrado López es ubicar al paraciclismo del país en un sitio impensado para cuando empezó a competir internacionalmente: se lo considera un pionero de la disciplina porque, desde su debut en un torneo en España, abrió puertas del deporte adaptado a muchos pedalistas. Sin embargo, él sigue siendo el mismo. Es más, el sábado pasado fue uno de los cuatro distinguidos en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) en la despedida de la delegación argentina que partió a Tokio. “¡Fue una sorpresa! Porque éramos muchos atletas y todos recibieron banderas, y llamaron a los cuatro destacados en representación de todos y uno fui yo. ¡No me lo esperaba!”, reconoció.

Su pasión por el ciclismo comenzó a los seis meses, cuando su papá (hoy su entrenador), lo paseaba arriba de una bicicleta por caminos vecinales; seis más tarde, sus abuelos le regalaron una con rueditas. Soñaba y decía que quería ser campeón del mundo desde que tenía tres años, pero su vida y la de su familia cambió dos más tarde. Con mucha sed, tuvo que ser trasladado de urgencia a un hospital y al cabo de tres horas estaba en estado vegetativo. A los dos meses recién se recuperó y el diagnóstico no fue claro. Los médicos hablaron de una probable encefalomielitis herpética, pero nunca llegó a comprobarse. Lo cierto es que aquel virus afectó su habla y su audición por una parálisis cerebral, un obstáculo que supo sortear con pasión y dedicación arriba de una bicicleta.

Desde el jueves 26 de agosto, Rodrigo Fernando López comenzará a escribir una nueva historia cuando afronte la clasificación y luego la final de los 3000 metros persecución individual. Al día siguiente competirá en la prueba de km contrarreloj; el 31 de agosto lo hará en ruta contrarreloj y el 2 de septiembre cerrará sus quintos Juegos Paralímpicos con la carrera de ruta. De cerca lo alentará su padre y entrenador Juan Carlos, el mismo que le enseñó a soñar arriba de una bicicleta. A miles de kilómetros, el resto de la familia y sus conciudadanos de Colón –representados en una bandera emblemática que lo acompaña desde sus primeras competencias– lo apoyarán a la distancia en cada pedaleo.

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